El antiguo tapicero que lo mismo repara unos zapatos que arregla el interior de un coche

Por las manos del nazareno Manuel Díaz han pasado, a lo largo de las últimas décadas, innumerables sillones, sofás, sillas o cabeceros, a los que ha dado forma desde su creación o reparado al completo para ponerlos totalmente nuevos. Su oficio es el de tapicero, una labor que ejerce desde hace más de cincuenta años y que, a pesar del tiempo transcurrido, sigue realizando como tal a día de hoy. Su veteranía en estas lides, de hecho, lo ha convertido en uno de los tapiceros en activo más antiguos de toda Dos Hermanas. «Quizás sea el más viejo de todos los que hay ahora mismo», acierta a responder, después de pensarlo durante unos segundos, este maestro de tapiceros que lo mismo repara un sofá, que arregla al completo la tapicería interior de un coche o deja como nuevos, incluso, unos zapatos viejos.

Seguirá siendo el más veterano, al menos, durante algún tiempo ya que, pese a tener más que cumplidos los 65 años, Manuel asegura que, por ahora, no tiene intención de jubilarse. «Mientras que el cuerpo aguante, estaré aquí, además, así hay un parado menos», bromea. Y es que, en su taller de la barriada conocida popularmente como de las «casas baratas», este artesano lleva media vida diseñando, fabricando y reparando todo tipo de mobiliario.

Lo más habitual son, quizás, los sofás, sillas o sillones pero en el abanico de posibilidades se incluyen también los tapizados del interior de los coches -volantes, palancas de cambio, capotas o asientos- y un largo etcétera. «Hago de todo, el otro día una señorita me trajo unos zapatos para que se los forrara, incluso hubo unos años en los que hacía correas y bolsos que luego vendía al por mayor», recuerda.

Aunque se apellida Díaz, muchos en Dos Hermanas lo conocen como «el Molina» por el propio apellido de la familia de su esposa. Nacido en la capital hispalense, el destino lo trajo hasta Dos Hermanas desde muy joven, lugar en el que ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional como tapicero. Empezó a aprender este oficio cuando tan sólo tenía diez años y desde entonces no ha dejado de ejercerlo. «Mi tío tenía una tapicería en Málaga, donde tapizaba coches y camiones. De ahí parte mi trabajo», recuerda. «Con cinco años me puse malo y como era tan pequeño y delgado, el médico le dijo a mis padres que me tenían que cambiar de aires, así que me mandaron con mi tío y, al final, allí me pegué doce años», explica.

Dentro del gremio, Manuel Díaz es conocido por muchos gracias a su faceta como formador experto en tapizados, pues esto le ha permitido enseñar a una parte importante de los profesionales actuales del sector. «Sinceramente, me gusta más enseñar que el propio trabajo en sí», reconoce este artesano mientras realiza en su taller un nuevo asiento para una motocicleta. «La tapicería de toda la vida hay que enseñarla, primero hay que formarse en el trabajo artesanal para luego ya poder hacer de todo».

Pese al paso del tiempo, Manuel asegura que el oficio del tapicero «nunca se perderá», aunque evolucione su técnica o cambien los materiales de trabajo. «Antes de la crisis hacía más muebles nuevos que reparaciones, pero ahora la gente ya no desecha tanto como antes, la necesidad obliga», reconoce este viejo tapicero.

Noticia original de ABC DOS HERMANAS

Manuel Díaz, en su taller de tapicería – L. M.

 

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